Este relato está fuera de la trama principal. Tiene lugar en algún sitio no determinado de la Costa de las Espadas y nos muestra que muchos de los ejércitos que luchaban contra Sucro no eran ejércitos regulares sino más bien voluntarios-mercenarios o seguidores de señores locales que iban a la guerra. En este relato el reclutador parece que todavía no sabe que el Pequeño Príncipe, el hijo de Iriadiel y de Isabel de Llamablanca ha muerto a manos de un voraz Espíritú del Hambre
Aquí!, ¡aquí! ¡Escuchadme!
El hombre, de edad madura y complexión fuerte, subido en un mugriento tonel, gritaba a la multitud que poblaba el mercado de una tranquila aldea
cerca de la Costa de las Espadas. El día era nublado y desapacible.

- ¡Hombres y muchachos de esta aldea!, ¿hay alguno que no haya oído sobre
Sucro y su negro avance por las tierras centrales?, ¿no notáis como se
encarecen los precios de bienes hasta ahora comunes?. Pues permitidme
deciros que esto no es lo peor ¡ni mucho menos!- El hombre pausó, para ver
el efecto de sus palabras y también para recuperar una jadeante
respiración.
- Hay cosas mucho peores que un mercado desabastecido, ¡e incluso que
pagar altos precios! Las tierras centrales se están poblando de Oscuridad.
Se dice que Auryl y Shar con sus negros designios apoyarán al ahora tirano
del Castillo del Asta del Dragón, y entonces ¿qué será de nosotros?
Escuchadme todos, ¡si Sucro avanza nadie se salvará de su pesada mano! Yo
os ofrezco poder evitar esto.: Alistaros al ejército de la Luz ¡Bajo el
estandarte del joven príncipe y de la señora de Llamablanca!
- ¡Sucro avanza hacia el sur viejo loco!, nosotros estamos a salvo cerca
de la Costa. Los señores de Aguas Profundas nos protegen. Además ¡mejor
harían los de Llamablanca arreglando la situación en Cormyr! ? Un paisano
vestido como trabajador de algún gremio relacionado con la artesanía,
levantó la voz sobre la multitud.
El choque fue brutal, por un lado moles de carne pálida y rastros de
armaduras y armas, y por otro, terribles soldados enfundados en lo que
hace no mucho fueron brillantes corazas. El embestir dejó tras de si
gritos y golpes, y un constante martillear de armas contra metal. El
príncipe Mehet a la vanguardia de la primera compañía se desgañitaba por
subir la moral de sus hombres y fue el primero en poner el pie en la parte
baja de las escaleras, en la planta inferior. Se sentía en plena subida de
excitación, la sangre le bombeaba rápidamente por las sienes y el
acolchado del yelmo absorbía el sudor que, a raudales, le caía por la
cabeza. Su mente tenía cabida sólo para dos pensamientos, evitar ser
herido y avanzar lo más posible para reunirse con la unidad aislada. El
tiempo era un factor crítico y lo sabía. Su voz se elevó de nuevo sobre el
fragor de la batalla:
- ¡Avanzad valientes, avanzad! ¡Seguid mi espada!
- No señor artesano ¡nadie está a salvo!, primero fue el Castillo del Asta
del Dragón, luego Banestum, e incluso pequeños pueblos como Rûhgun. Rocamar
ha tenido que refugiarse en los vados para reagruparse. ¡Nadie está a
salvo! La tez del orador se fue poniendo granate al empeñar todo su
aliento en esta declamación y nuevamente tuvo que parar jadeando.
- Los únicos que previenen el advenimiento del Señor de la Muerte son los
Soldados de la Luz. ¡No lo dudéis! Hombres y mujeres valientes. Vestidos
en acero y fe y que empuñan armas como la determinación y la valentía.
Nadie podrá avergonzarse de luchar en un ejército así. ¡Nadie que luche en
el podrá condenarse jamás!. Los dioses favorecen a aquellos mortales que
les ayudan. Y yo os digo que el que luche bajo esta bandera estará
favorecido. ¡En esta vida y la otra!
La multitud murmuró y algunos arrugaron la frente en señal de
concentración, mientras trataban de alcanzar a oír mejor las palabras de
aquel viejo. Los reclutadores del señor de la zona actuaban de forma
diferente, mucho más suaves, prometiendo una buena paga y pocos riesgos.
Este hombre era decididamente un loco.
- ¡Alistaos bajo el estandarte de la Tríada! Los dioses del Bien se han
vuelto a juntar y su señal va con ellos. Cabalgan a las espaldas de un
extraordinario guerrero que la empuña decidido. Y con él legiones de
hombres y amigos ¡si amigos!, ¡hacia la victoria o la muerte van!.. Pero
bien sabemos todos, que el Estandarte nunca fue abatido, por tanto os digo
que sólo la victoria nos espera - y pausando sonrió ladinamente.
- Decidnos viejo ¿quién es ese que empuña el estandarte?, ¿un señor?, ¿un
general? ¡Qué nombre tiene!
- ¡Necio! Nadie diría su nombre a cualquiera y meno habiendo tontos como
tú. ¿Para qué lo diría? ¿Para que lo asesinen? No es la fama lo que le
mueve. Ni a el ni a otros que como el lo llevaron antes. ¡le mueve el
ayudarnos! El detener el mal. Le llama el llamaros. ¡Alistaos en el
Ejército de la Luz! Tendréis paga, comida y equipo. Todo lo necesario para
el cuerpo y el espíritu estará esperando vuestra llegada. Y a la vuelta a
vuestros hogares tendréis algo que contar que no sólo el número de hijos.
?
- GROAAAAAAAAAARRRRRRRRRRRRRrr .- La defensa era enconada y los muertos
vivientes no cedían un paso. Con andares vacilantes y torpes, entraban sin
parar en la habitación, dificultando el movimiento Y para el colmo esto
¡Dos gigantescos demonios acompañados de encapuchados con evidentes dotes
mágicas les acababan de confrontar al salir a la habitación principal!
- GROAAAAAAAAAAR RUARGGG - Algunos de sus hombres temblaban de miedo ante
el poder de las criaturas. Muchos estaban débiles y bastante heridos de
encuentros anteriores y un choque con estos seres les valdría la muerte
cierta. ¿qué hacer?
Mehet encaró a uno de los grandes demonios-bestia. Cubierto de sangre y
negros icores su sucio turbante destacaba entre los capacetes metálicos,
su mente bullía- Si no se paraba la entrada de estos restos de compañeros,
se verían atascados y esta habitación se transformaría en una auténtica
picadora de carne, su compañía enfrentaba golpes, garras y fintas de acero
frío, pero no estaban preparados para la magia ¡maldita perra vida!. Si
sólo hubiera sido más rico estaría ahora en un diván rodeado de esclavas y
preocupado por las galas que vestiría para la siguiente fiesta. Pero no
había marcha atrás.- Súbitamente le pareció ver algo al final de la
habitación, en la puerta de entrada al hall principal, dónde se suponía
que el grupo de aventureros llamado Legión intentaba un asalto sobre la
puerta principal. ¡Luz!, ¿o tal vez era sólo una extraña sensación de paz
y seguridad?. Ni tiempo de responderse a la pregunta tuvo, uno de los
encapuchados se volvió hacia la puerta con rapidez y conjuró una
sobrecojedora energía que disipó esa sensación (¿luz?). La capucha del
misterioso conjurador cayó, dejando al descubierto una tez morena,
cubierta por un pelo largo moreno, ajustado por una diadema de adamantita.
Una belleza dolorosa, incomparable le cegó. El brazo del príncipe Mehet
detuvo su ataque. Sus miradas se encontraron ¡Noctiluca! La sacerdotisa de
la Noche. Engendrada de la oscuridad más negra?
??
- ¡No lo miréis de otra manera! Si ahora calláis cuando otros gritan,
cuando vosotros gritéis tal vez no haya nadie para defenderos. Los pueblos
Centrales os necesitan. ¡Alistaos amigos! Sed la luz que rompe las
tinieblas. Sed aquellos que escriben la historia. ¡no viváis unas vidas
que se han pagado con el precio de otras!. ¡Levantaos, UNIROS! Seguir al
pequeño príncipe de Llamablanca, seguid al estandarte del bien. ¡Haced lo
que os dice el corazón y alistaros por el Bien!
- ¡Loco! Vete de nuestro pueblo, ya tuvimos bastante en la �?‰poca
Turbulenta. No te lleves a nuestros jóvenes ¿acaso vas a luchar tu? Pues
ellos tampoco quieren. Tenemos paz y tenemos ?
- ¡Tenéis vida! Lo opuesto a lo que proclama el Señor de la Muerte, su
imperio será tenebroso ¡tenéis que creerme!. Si lo dejáis estar, las
consecuencias serán terribles. No podéis dejar que eso caiga sobre
vuestras conciencias ? una súbita tos dejó al reclutador casi doblado
sobre el tonel y contempló jadeante como la multitud se disolvía;
lentamente bajó del tonel y buscó una fuente donde poder saciar el ardor
de su garganta.
- Nosotros nos alistaremos amigo. ? la voz surgió de la multitud.- espero
que no te importe que seamos todos familia. Cinco hermanos para ser
exactos. ? y la voz le sonrió.
- Loados sean los dioses.
?
No lo vió venir, uno de los grandes seres, aprovechando su distracción, le
golpeó brutalmente lanzándolo contra el suelo. Tampoco oyó la voz de un
cabo que gritó al ver su caída.
- ¡Sargento mayor el príncipe ha caído!
El sargento era un tipo endurecido, aunque era la primera vez que tomaba
el mando de una unidad de forma tan directa. Y lo que veía no le gustaba.
La resistencia era enconada, la habitación estaba llena de carroña andante
¡antiguos compañeros en su mayoría!, el príncipe había caído y no paraban
de entrar más y más muertos vivientes por la entrada del hall ¿qué habría
sido de la unidad del teniente Singol?, apenas se oía nada con el jaleo
atronador de la lucha y los gritos de ánimo ¿qué pasaría en la otra
habitación? La decisión equivocada podría llevar a la compañía a verse
copada y a una muerte segura.
- ¡Sargento! Está usted al mando ¿qué ordena?
Un rápido parpadeo, un segundo para el recuerdo de algo?y el sargento
gritó con una voz atronadora que se alzó sobre el ruido de la lucha.
- ¡soldados cerrar filas sobre el cuerpo del príncipe! ¡Markus, Elikate,
Ority, sacad el cuerpo del príncipe aún a costa de vuestra perras vidas!
El resto conmigo, ¡avanzad, avanzad, AVANZAD! ¡De aquí no nos sacan ni los
Dioses, os lo juro!
Y deseó no equivocarse.